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Historia antigua · Jesús histórico · Galilea romana
Cómo un artesano galileo, una economía de deuda y una familia que probablemente dependía de su trabajo ayudan a explicar los dieciocho años más desconocidos de la historia.
Todavía no predica. Todavía no tiene discípulos. Nadie lo llama Mesías. No ha multiplicado panes ni ha pronunciado ninguna bienaventuranza.
Amanece. Sale de Nazaret. En algún lugar de la Baja Galilea, artesanos, campesinos y jornaleros comienzan otra jornada de trabajo. A pocos
kilómetros, Séforis está siendo reconstruida como capital de Herodes Antipas y necesita piedra, madera, barro, herramientas y mano de obra.
No sabemos si Jesús trabajó alguna vez allí. Ninguna fuente antigua lo afirma. Marcos, sin embargo, lo identifica como un téktōn: un artesano de la construcción. La cercanía entre
Nazaret y Séforis convierte la conexión en una posibilidad histórica razonable, pero no en un hecho demostrado.
Ahora olvidemos durante un momento al Cristo. Intentemos recuperar al trabajador.
Lo que sigue no es una nueva biografía revelada ni una teoría definitiva sobre los llamados años perdidos de Jesús. Es una reconstrucción
histórica que distingue deliberadamente entre datos, inferencias, interpretaciones e hipótesis.
Los evangelios dedican más espacio a la última semana de su vida que a casi veinte años de su existencia. Ese silencio ha sido llenado durante
siglos con viajes secretos, maestros orientales, milagros juveniles y leyendas piadosas.
Quizá la explicación sea mucho más sencilla: aquellos años no parecieron extraordinarios a quienes transmitieron su memoria. Fueron años de
trabajo, obligaciones familiares y supervivencia dentro de una economía rural sometida a rentas, impuestos, malas cosechas y crédito.
La pregunta más útil no es únicamente «¿qué hizo Jesús durante esos años?», porque las fuentes no permiten contestarla con precisión. La pregunta históricamente más fértil es otra: ¿qué clase de vida puede ayudar a producir un mensaje como el suyo?
No podemos reconstruir cada jornada. Sí podemos inspeccionar el mundo en el que se formaron sus manos, su vocabulario y su idea de justicia.
¿Qué sabemos sobre los años desconocidos de Jesús?
Las fuentes permiten afirmar que Jesús procedía de Nazaret, fue conocido como téktōn, se vinculó al movimiento de Juan el Bautista y desarrolló su actividad dentro de la Galilea gobernada por Herodes Antipas.
Es plausible que conociera de cerca el trabajo manual, la precariedad, las obligaciones familiares, la deuda y la dependencia de terratenientes y acreedores. No podemos demostrar que trabajara en Séforis, que fuera el único sostén de su familia o que evitase deliberadamente las grandes ciudades galileas.
La explicación más equilibrada combina dos perspectivas. La economía rural ayuda a comprender el mundo que Jesús experimentó. El judaísmo apocalíptico proporciona el lenguaje de Reino, juicio, liberación y restauración con el que interpretó aquel mundo.
¿Cómo puede investigarse una vida que las fuentes apenas describen?
La investigación contemporánea sobre el Jesús histórico ya no confía en un único criterio capaz de separar mecánicamente la historia de la teología. Durante buena parte del siglo XX se utilizaron herramientas como el criterio de vergüenza, la atestiguación múltiple o la discontinuidad respecto al judaísmo y a la Iglesia posterior.
Esos criterios siguen siendo útiles como indicios, pero autores como Dale Allison y James D. G. Dunn han mostrado que la memoria no conserva
hechos como una grabadora. Las comunidades recuerdan, seleccionan, interpretan, combinan y reformulan.
Por eso, una reconstrucción responsable debe combinar:
- crítica textual y literaria;
- comparación entre fuentes independientes;
- plausibilidad dentro del judaísmo del siglo I;
- arqueología y geografía histórica;
- historia social y económica;
- estudio de la memoria oral;
- análisis de las intenciones de cada evangelista.
En este artículo utilizaré cuatro niveles editoriales de certeza:
- Muy sólido
- Información ampliamente aceptada porque aparece en fuentes tempranas y encaja con el contexto histórico.
- Plausible
- Inferencia compatible con las fuentes y el contexto, aunque no pueda demostrarse directamente.
- Debatido
- Interpretación defendida por investigadores reconocidos, pero sin acuerdo suficiente.
- Especulativo
- Hipótesis coherente que puede ayudarnos a pensar, pero cuya verificación no permiten las fuentes disponibles.
¿Cómo funcionaba la economía de deuda en la Galilea de Jesús?
Séforis atrae nuestra atención porque ofrece un escenario visible: edificios, canteras, calles, administradores y obras públicas. Pero la ciudad es solo una manifestación de un proceso más amplio. El verdadero protagonista de los años silenciosos de Jesús es la estructura económica de la Galilea del siglo I.
Cuando leemos los evangelios, los grandes temas económicos aparecen constantemente: deuda, riqueza, impuestos, jornaleros, viñas,
arrendamientos, administradores, acreedores, herencias, salarios, graneros, terratenientes, préstamos y banquetes.
Ese vocabulario no demuestra que cada parábola sea un recuerdo autobiográfico. Sí demuestra que Jesús y sus oyentes comprendían un mundo en el que la tierra, la subsistencia y el crédito condicionaban la vida de las familias.
Los hogares rurales podían estar sometidos a distintas obligaciones:
- tributos relacionados con el gobierno de Herodes Antipas;
- impuestos y exacciones vinculados al sistema imperial;
- rentas pagadas a propietarios;
- peajes sobre mercancías y desplazamientos;
- diezmos, primicias y aportaciones religiosas;
- costes de semillas, herramientas, animales y crédito.
No conocemos con precisión la carga efectiva que soportaba cada familia. Tampoco existe consenso sobre el ritmo exacto de concentración de tierras en la Galilea de Antipas. Los modelos de Douglas E. Oakman y Richard A. Horsley han destacado la presión fiscal, la deuda y la pérdida de autonomía campesina; otros investigadores han pedido mayor cautela al extrapolar estos procesos.
Lo que sí resulta históricamente plausible es el mecanismo general. Una mala cosecha podía obligar a solicitar un préstamo. La deuda podía comprometer la siguiente cosecha, una parcela o la fuerza de trabajo familiar. La dificultad temporal podía convertirse en dependencia estructural.
La caída social no era automática ni idéntica para todos, pero el itinerario era posible: del pequeño propietario al arrendatario; del arrendatario al jornalero; del jornalero a la mendicidad, la emigración o la servidumbre.
Por eso las palabras de Jesús sobre acreedores, administradores, salarios, cosechas y deudas no son decorado literario. Forman parte del horizonte material que sus oyentes podían reconocer inmediatamente.
¿Era Jesús carpintero, albañil o trabajador de la construcción?
Marcos 6:3 llama a Jesús téktōn —τέκτων—. La traducción tradicional «carpintero» es plausible, pero demasiado estrecha.
En el mundo antiguo, el término podía designar a un artesano que trabajaba con madera, piedra, barro y otros materiales. No hemos de imaginar necesariamente un taller moderno especializado en muebles. Un téktōn podía fabricar vigas, reparar tejados, preparar puertas, levantar muros o participar en obras de distinta escala.
El término no nos permite conocer su nivel de pobreza exacto. Algunos artesanos poseían herramientas, relaciones profesionales y cierta
estabilidad. Otros dependían de trabajos temporales y se encontraban muy cerca del mundo jornalero.
Lo históricamente importante es que las tradiciones más tempranas no presentan a Jesús como escriba, sacerdote, propietario o miembro de la élite. Lo sitúan dentro del mundo del trabajo manual.
Esto modifica la imagen. Antes de hablar de casas construidas sobre roca, piedras rechazadas, yugos, cosechas y jornaleros, probablemente
conoció materiales, herramientas, cansancio y negociación del salario.
¿Pudo Jesús trabajar en Séforis?
Geográficamente, Séforis se encontraba cerca de Nazaret y fue reconstruida por Herodes Antipas después de los disturbios que siguieron a la muerte de Herodes el Grande. Las obras públicas y privadas habrían requerido numerosos
artesanos.
La combinación nos parece muy tentadora:
- Jesús vivía en Nazaret;
- era conocido como téktōn;
- Séforis necesitaba trabajadores;
- ambos lugares estaban relativamente próximos.
Sin embargo, ninguna fuente sitúa a Jesús trabajando allí, y será muy difícil encontrar pruebas físicas. La arqueología puede mostrarnos la ciudad que existía; no puede señalar qué trabajador concreto colocó una piedra, ni tan siquiera si formaba parte de un grupo contratado.
La formulación más responsable históricamente es, por tanto, sencilla:
Jesús pudo probablemente trabajar en Séforis, se encontraba en el área y Séforis era un imán para jornaleros al reconstruirse la ciudad al estilo grecorromano como ciudad de nueva planta… pero no sabemos si lo hizo.
La hipótesis sigue siendo valiosa porque nos obliga a abandonar la imagen aislada de Jesús en Nazaret. Los artesanos rurales no tenían por qué limitarse a trabajar dentro de su aldea. Podían desplazarse allí donde existiese demanda, obras o posibilidad de jornal.
¿Había muerto José y dependía la familia del trabajo de Jesús?
Marcos 6:3 presenta a Jesús con una identificación inusual para una sociedad patrilineal:
«¿No es este el téktōn, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón?» Marcos 6:3

José no aparece durante el ministerio público. Muchos intérpretes han inferido que había muerto. Es una explicación razonable, pero no la única posible.
La expresión «hijo de María» también ha sido interpretada como un insulto relacionado con la paternidad, una identificación local, una
decisión narrativa de Marcos o una forma de destacar el papel de María. El texto no resuelve por sí solo la cuestión.
Si José había fallecido y Jesús era uno de los trabajadores adultos del hogar, su aportación económica habría sido importante. No podemos determinar si era el único sostén, si sus hermanos también trabajaban o cómo se organizaban los ingresos familiares.
Pero esta posibilidad permite releer un pasaje especialmente incómodo. En Marcos 3:21, «los suyos» salen a contenerlo porque se decía que
estaba fuera de sí. Poco después llegan su madre y sus hermanos.
Marcos convierte el episodio en una discusión sobre quién constituye la verdadera familia de Jesús. La historia social permite formular una
hipótesis adicional: abandonar el trabajo y la casa para iniciar una vida itinerante pudo percibirse también como una ruptura de obligaciones materiales. Es similar a lo que hizo Bhuda al abandonar su vida de palacio.

Para una familia que dependía parcialmente de su trabajo, el inicio del ministerio no habría sido solamente una vocación religiosa, sino que podía
sentirse como una crisis doméstica.
¿Son las parábolas una memoria social de la Galilea del siglo I?
William R. Herzog propuso leer las parábolas no solo como relatos piadosos sobre virtudes individuales, sino como historias capaces de revelar el funcionamiento de la dominación en el entorno de Jesús.
La propuesta es discutida, pero ayuda a recuperar algo que el lector moderno puede perder. Un campesino del siglo I no escuchaba hablar de terratenientes ausentes, administradores, arrendatarios, salarios o deudas como quien escucha una alegoría abstracta.
Reconocía un mundo.
Las parábolas no son necesariamente recuerdos autobiográficos de episodios vividos por Jesús. Pero sí pueden funcionar como memorias sociales ambientales: relatos construidos con personajes, conflictos y relaciones económicas reconocibles para quienes los escuchaban.
El propietario que contrata jornaleros en la plaza, el administrador que modifica deudas, el campesino que pierde una cosecha, el hombre rico que amplía sus graneros o los arrendatarios enfrentados al dueño de la viña pertenecen a la experiencia social de la época.
Eso no convierte automáticamente a Jesús en un revolucionario económico moderno. Significa que su lenguaje religioso estaba construido con los materiales de una sociedad atravesada por desigualdad, dependencia y expectativa de restauración.
¿Hablaba Jesús de pecados o de deudas económicas?
El lenguaje de la deuda ocupa un lugar central en los evangelios. En el Padrenuestro de Mateo se pide literalmente:
«Perdona nuestras deudas».
Mateo 6:12
El término griego es opheilēmata. Lucas, en cambio, habla de «pecados» y añade que también nosotros perdonamos «a todo el que nos debe» (o «a todos nuestros deudores»).
En el judaísmo del periodo, la deuda funcionaba ya como metáfora moral: el pecador debía algo a Dios. Por tanto, no podemos convertir el Padrenuestro sin más en una petición moderna de cancelación crediticia.
Pero tampoco podemos vaciar el vocabulario de sus resonancias materiales. Para una población familiarizada con préstamos, obligaciones y pérdida de tierras, la imagen religiosa de una deuda perdonada tenía una fuerza económica inevitable.
¿Qué diferencia había entre el Jubileo y el prosbul?
El año sabático de Deuteronomio 15 prescribía la remisión periódica de deudas. El Jubileo de Levítico 25 imaginaba una restauración más amplia:
liberación, descanso de la tierra y recuperación de propiedades familiares.
No deben confundirse ambos mecanismos. El año sabático se repetía cada siete años. El Jubileo se asociaba con un ciclo de cincuenta años y, en el siglo I, parece haber funcionado principalmente como ideal teológico, memoria legislativa y horizonte de restauración.
El prosbul, atribuido a Hilel, era una innovación jurídica que transfería al tribunal el derecho de cobro y permitía reclamar una deuda después del año sabático.
La tradición rabínica lo justificaba como una forma de mantener disponible el crédito: al acercarse el séptimo año, algunos prestamistas podían negarse a conceder préstamos por temor a no recuperarlos. Desde una lectura social, sin embargo, el mecanismo limitaba también el alcance efectivo de la remisión.
La síntesis más equilibrada es esta:
La economía explica el mundo que Jesús experimentó. El judaísmo apocalíptico explica el lenguaje con el que interpretó ese mundo.
Palabras como Reino, liberación, remisión, restauración y juicio no eran exclusivamente políticas ni exclusivamente espirituales. En el
judaísmo del siglo I, esas dimensiones todavía no estaban separadas
¿Qué cambió después de la ejecución de Juan el Bautista?
Jesús no comenzó su actividad pública de manera aislada. Antes de predicar por las aldeas de Galilea, se vinculó al movimiento de Juan el Bautista y recibió su bautismo.
Este es uno de los datos más sólidos de su biografía histórica. Los primeros cristianos difícilmente habrían inventado una escena en la que su figura central aparecía sometiéndose al rito de otro profeta. Los evangelios posteriores conservan el episodio, pero intentan explicar por qué Juan no era superior a Jesús.
Juan proclamaba la proximidad del juicio divino, exigía una transformación moral y reunía multitudes en torno al Jordán. Flavio Josefo relata que Herodes Antipas temió que su capacidad de movilización pudiera desembocar en una rebelión y ordenó ejecutarlo de manera preventiva.
La muerte de Juan debió de ofrecer una lección inmediata sobre los límites del poder profético bajo una dinastía dependiente de Roma.
Después de aquella ejecución, Jesús desarrolló una actividad predominantemente itinerante. Recorrió aldeas, utilizó casas como lugares de reunión, formó una red de seguidores y envió discípulos en parejas.
Este modelo tenía varias ventajas:
- no dependía de un único santuario ni de una institución central;
- podía reproducirse mediante relaciones personales;
- permitía recibir alimento y alojamiento en hogares aliados;
- conectaba poblaciones pequeñas sin necesidad de una gran infraestructura;
- reducía la dependencia de las ciudades administrativas.
Los evangelios no conservan ninguna escena de predicación de Jesús en Séforis o Tiberíades, las dos grandes ciudades asociadas al poder de Antipas. Esa ausencia encaja con el carácter predominantemente rural del movimiento, pero no permite demostrar que Jesús evitase deliberadamente ambas ciudades.
Puede deberse a la selección narrativa de las fuentes, a la geografía de las tradiciones conservadas, a una estrategia consciente o a una combinación de estos factores.
La hipótesis de una prudencia aprendida después de la muerte de Juan es históricamente coherente. Sigue siendo, sin embargo, una hipótesis.
¿Fue ejecutado Jesús como una amenaza política?
El final de la historia obliga a regresar al poder romano.
Jesús fue crucificado bajo Poncio Pilato. La crucifixión era una pena pública, degradante y ejemplarizante que Roma utilizaba especialmente
contra esclavos, rebeldes, bandidos y personas de bajo estatus consideradas peligrosas para el orden.
Los evangelios sitúan sobre la cruz la acusación:
«El rey de los judíos».
No sabemos la formulación administrativa exacta del cargo, pero el lenguaje de realeza colocaba el caso dentro del problema romano de la
soberanía. En una provincia gobernada mediante un rey cliente y un prefecto imperial, proclamar la llegada de otro Reino podía adquirir consecuencias políticas aunque su significado original fuera
religioso y escatológico.
La actuación de Jesús en el Templo debió de resultar especialmente peligrosa. Durante la Pascua, Jerusalén se llenaba de peregrinos y memoria nacional. La festividad recordaba la liberación de un poder extranjero, precisamente el tipo de recuerdo que una autoridad imperial podía considerar inflamable.
Paula Fredriksen ha insistido en que Roma no necesitaba demostrar la existencia de un ejército organizado. Bastaba con que un predicador
popular, rodeado de seguidores y asociado con expectativas de Reino, alterase el orden en el lugar y el momento más sensibles del calendario
judío.
La crucifixión no prueba que Jesús preparara una insurrección armada. Sí muestra que su muerte fue interpretada dentro del lenguaje romano de la seguridad, la soberanía y el orden público.
El hombre que había hablado de deudas, jornaleros, propietarios, remisión y Reino terminó ejecutado por un imperio que entendió al menos una parte de aquel vocabulario como una amenaza.
¿Qué sabemos y qué estamos reconstruyendo?
La fuerza de una hipótesis histórica no depende de que todo resulte demostrable. Depende de que no oculte las distancias entre la fuente, la inferencia y la imaginación controlada.
| Proposición | Nivel de confianza | Fundamento |
|---|---|---|
| Jesús procedía de Nazaret. | Muy sólido | Tradición temprana, múltiple y difícil de explicar como una invención destinada a engrandecer su figura. |
| Jesús fue conocido como téktōn. | Muy sólido | Marcos 6:3 conserva una identificación vinculada al trabajo manual. |
| Trabajó específicamente en Séforis. | Posible | Proximidad geográfica y demanda de artesanos, pero sin evidencia directa. |
| José había muerto antes del ministerio público. | Plausible | Ausencia de José en los relatos adultos, aunque existen otras explicaciones posibles. |
| Jesús contribuyó a la economía familiar. | Plausible | Condición de artesano adulto dentro de un hogar con varios miembros. |
| Fue el único o principal sostén de su familia. | Especulativo | No conocemos la edad, el oficio ni la contribución económica de sus hermanos. |
| Su familia quiso detenerlo por las consecuencias económicas de su marcha. | Especulativo, pero coherente | Lectura social posible de Marcos 3, no explicación explícita del evangelista. |
| La deuda y la desigualdad influyeron en el lenguaje de Jesús. | Plausible | Frecuencia de imágenes económicas y contexto rural de sus oyentes. |
| Jesús defendió un programa político moderno de cancelación de deudas. | No demostrable | El lenguaje económico estaba integrado en una visión religiosa, apocalíptica y moral. |
| Evitó Séforis y Tiberíades por razones de seguridad. | Especulativo | Ausencia narrativa compatible con varias explicaciones. |
| Roma interpretó su actividad como políticamente peligrosa. | Muy plausible | Crucifixión bajo Pilato y acusación de realeza judía. |
Antes del milagro estuvo el jornal
Aquí debemos detener la reconstrucción.
La historia posterior (cómo un movimiento judío nacido en las aldeas de Galilea terminó convirtiéndose, siglos después, en una religión
imperial) pertenece a otro artículo.
El objetivo de este ensayo no era llenar los años silenciosos con una nueva leyenda. Era mostrar cuánto puede recuperarse cuando dejamos de preguntar por acontecimientos extraordinarios y reconstruimos las condiciones ordinarias de una vida.
Jesús fue probablemente un artesano galileo formado por el trabajo manual, las obligaciones de un hogar y la economía rural del territorio gobernado por Herodes Antipas.
Pudo conocer la incertidumbre del jornal, la negociación del salario, la dependencia de quien contrata, la fragilidad de una cosecha, el peso
de una deuda y la diferencia entre quien posee la tierra y quien debe trabajarla.
Interpretó aquel mundo mediante las categorías de su tradición: alianza, Reino, juicio, remisión, liberación, restauración y esperanza
apocalíptica.
Sus seguidores conservaron recuerdos, dichos, conflictos y escenas. Aquellas memorias circularon oralmente, se reorganizaron en comunidades
distintas y terminaron convertidas en narraciones evangélicas.
El resultado no es una fotografía transparente del pasado. Tampoco es una invención sin raíces. Es una memoria histórica transformada por la fe, la liturgia, el conflicto y la necesidad de explicar quién había sido Jesús después de su muerte.
El Cristo cósmico puede sobrevivir sin jornales, deudas ni caminos galileos. El Jesús histórico, no.
Entenderlo no reduce su figura. Le devuelve algo que la teología posterior tendió a ocultar: una humanidad formada dentro del mundo de
quienes construían casas, sostenían familias y cargaban con obligaciones que podían destruir una vida.
Antes del milagro estuvo el jornal.
Preguntas frecuentes
¿Qué hizo Jesús entre los doce años y el comienzo de su ministerio?
Las fuentes no describen esos años. Marcos lo identifica como téktōn, por lo que la explicación más prudente es que trabajó como artesano y participó en la vida económica y familiar de Nazaret. Cualquier reconstrucción más detallada debe presentarse como hipótesis.
¿Era Jesús carpintero?
La traducción «carpintero» es posible, pero el término griego téktōn era más amplio. Podía designar a un artesano que trabajaba con madera, piedra, barro y distintos materiales de construcción.
¿Trabajó Jesús en la construcción de Séforis?
Es posible, porque Séforis se encontraba cerca de Nazaret y sus obras necesitaban artesanos. Sin embargo, ninguna fuente antigua ni evidencia arqueológica permite demostrar que Jesús trabajara allí.
¿Por qué se piensa que José había muerto?
José aparece en los relatos de la infancia de Mateo y Lucas, pero no durante el ministerio público. Su ausencia ha llevado a muchos intérpretes a suponer que había fallecido. Es una inferencia
plausible, no un hecho confirmado.
¿Por qué la familia de Jesús intentó detenerlo?
Marcos 3 afirma que «los suyos» intentaron contenerlo porque se decía que estaba fuera de sí. El evangelista utiliza el episodio para redefinir la familia en torno a quienes cumplen la voluntad de Dios. La posibilidad de que existiera también un conflicto por sus obligaciones domésticas y económicas es una hipótesis socialmente coherente, pero no explícita en el texto.
¿El Padrenuestro pedía cancelar deudas económicas?
Mateo utiliza literalmente la palabra «deudas», mientras Lucas habla de «pecados». En el judaísmo antiguo, la deuda servía como metáfora moral, pero conservaba resonancias económicas muy claras.
No puede reducirse la oración a un programa crediticio moderno, aunque sus oyentes, precarizados, habrían reconocido inmediatamente la fuerza material de la imagen.
¿Jesús fue ejecutado por razones políticas?
Su mensaje era religioso y apocalíptico, pero la crucifixión bajo la acusación de «rey de los judíos» muestra que Roma interpretó su caso dentro del problema político de la soberanía y el orden público. Esto no significa que dirigiese una insurrección armada.
Cómo se ha elaborado este artículo
Este ensayo combina el análisis de fuentes antiguas con investigaciones contemporáneas sobre el Jesús histórico, la arqueología de Galilea, la economía rural, la memoria oral y el judaísmo apocalíptico.
Se han distinguido cuatro clases de afirmaciones:
- datos textuales e históricos presentes en fuentes
antiguas; - inferencias plausibles derivadas del contexto;
- interpretaciones debatidas dentro de la investigación;
- hipótesis reconstructivas que aportan coherencia sin
poder demostrarse.
El propósito no es sustituir el silencio documental por una narración segura de sí misma, sino mostrar qué puede afirmarse, qué puede inferirse y dónde empieza la imaginación histórica controlada.
Última revisión editorial: julio de 2026.
Fuentes primarias
- Evangelio según Marcos, especialmente 1:1–15; 3:20–35;
6:1–6; 11:1–18 y 15:1–39. - Evangelio según Mateo, especialmente 6:9–13 y 13:53–58.
- Evangelio según Lucas, especialmente 4:16–30; 11:1–4 y
14:1–24. - Deuteronomio 15:1–18, sobre la remisión del año sabático.
- Levítico 25, sobre el Jubileo, la tierra y la liberación.
- Flavio Josefo, Antigüedades judías, 18.116–119, sobre
Juan el Bautista y Herodes Antipas. - Mishná, tratado Shevi’it 10, sobre el
prosbul.
Bibliografía académica citada
Historia social y economía política
- Oakman, Douglas E.
Jesus and the Economic Questions of His Day.
Edwin Mellen Press, 1986. - Horsley, Richard A.
Jesus and Empire: The Kingdom of God and the New World Disorder
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Fortress Press, 2002. - Herzog, William R.
Parables as Subversive Speech: Jesus as Pedagogue of the Oppressed
.
Westminster John Knox Press, 1994. - Freyne, Sean.
Galilee from Alexander the Great to Hadrian, 323 BCE to 135 CE
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University of Notre Dame Press, 1980. - Reed, Jonathan L.
Archaeology and the Galilean Jesus: A Re-examination of the Evidence
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Trinity Press International, 2000.
Judaísmo, apocalipticismo, memoria y crítica histórica
- Meier, John P.
A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus,
volumen 1.
Doubleday, 1991. - Sanders, E. P.
Jesus and Judaism.
Fortress Press, 1985. - Allison, Dale C.
Constructing Jesus: Memory, Imagination, and History.
Baker Academic, 2010. - Fredriksen, Paula.
Jesus of Nazareth, King of the Jews: A Jewish Life and the
Emergence of Christianity
.
Vintage, 2000. - Dunn, James D. G.
Jesus Remembered.
Eerdmans, 2003. - Casey, Maurice.
Jesus of Nazareth: An Independent Historian’s Account of His Life
and Teaching
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T&T Clark, 2010. - Vermes, Géza.
Jesus the Jew: A Historian’s Reading of the Gospels.
Collins, 1973.
